Nunca me imaginé que alguna música bailable pudiera seducirme. Para mi, nunca fue una prioridad que la música permitiera mover el esqueleto. Las pistas de baile me aburrían, me aburren y me aburrirán. Alguna vez escuché por ahí: el que toca no baila. Creo que es cierto, sin embargo, en el mismo catálogo en el que había leído un comentario que me llevó a sucumbir ante la magia de Lounge Lizards, leí algo sobre otro artista que me sedujo. Recuerdo que en una época había una disquería de unos muchachos muy simpáticos, en Suipacha y Avenida Santa Fe. Se llamaba Stone Crazy. Traían discos por encargo. Nada demasiado extraordinario, muchos otros disqueros lo hacían. Lo extraordinario era que en un mundo donde la avaricia y la codicia opacan el don de gente, pudieras encontrar unos disqueros con la sonrisa franca y sin dobleces. Duraron poco, pero les compré unos cuantos discos. Entre ellos, los dos de James Chance and the Contortions de los que había leído en aquel catálogo del sello Roir: “Live in New York” y “Soul Exorcism”. Dos increíbles discazos que me iniciaron en el jazz-funk. Aunque a decir verdad, lo más profundo que indagué en este género fue tratar de completar la discografía de este esquivo saxofonista que a veces firma como James Chance y otras como James White. Como si fuera poco, embarra un poco más la cancha cambiando el nombre de su grupo en cada nuevo álbum: “The Contortions”, “The Blacks”, “Flaming Demonics”, “Terminal City”... Por suerte, un tiempo después de haber conseguido estos dos discos, hurgando en el Tower Records de Santa Fe y Riobamba, encontré los cuatro discos en estudio con sus variados alias. Un tesoro que me transporta y hasta me hace soñar con poner una bola de espejos y una máquina de humo rosa en el living de mi casa.
Mostrando entradas con la etiqueta James Black. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta James Black. Mostrar todas las entradas
martes, 8 de septiembre de 2020
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
-
En mi casa, cuando era chiquito, había un tocadiscos. Luego un grabador de casete mono y más tarde uno estéreo. Mi viejo es ingeniero y labu...
-
Otro al que conocí en esos cursos de inglés fue un pelirrojo grandote que tocaba la trompeta en la banda de la iglesia evangelista en la que...
-
Un compañero de laburo de mi vieja que escuchaba mucha música y que sabía que yo estaba ávido de nuevos sonidos, me recomendó a Lydia Lunch....
-
Cupones vienen, cupones van, nuevos discos sonarán… Gracias a esta iniciativa de los muchachos de Atom Heart fui enriqueciendo mi colección....
-
Lo prometido, siempre es deuda. De lo contrario, la venganza será terrible, obvio. Debo admitir que no me lo esperaba. Que había perdido la ...