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jueves, 9 de julio de 2026

CIENTO OCHENTA Y SIETE

Azar mediante, en unas cuantas oportunidades, he tenido la buena fortuna de recibir varios disquitos de cortesía – como obsequio por alguna incuestionable razón divina, a veces para bien, otras sin pompas ni platillos, siempre un lujo cuando algo viene de arriba.

Bien que uno recorra distintos reductos musicales, esté atento a géneros, artistas y sellos, se empape de la cosa sin cesar, haya abierto bien los ojos y haya visto infinidad de tapas de discos, haya leído y memorizado cantidades exorbitantes de nombres de grupos, de artistas o de álbumes, cuando se decide a domar al cocodrilo que domina la billetera para que le deje sacar algún que otro morlaco porque ha caído en la tentación, también está decidiendo cuál es el objetivo del gasto y, lamentablemente, mucho de lo que le ha llamado la atención queda fuera de alcance y está condenado, sea a caer en el olvido, sea a esperar a que le toque su momento de gracia. ¡Se van para atrás! ¡A la fila!

Conocer el nombre de un artista o de un álbum no implica recordarlo después de haber salido de la disquería. Mucho menos que nos llame la atención al verlo nuevamente y que esa segunda vez avive la voluntad de adquirir ese material para nuestra colección; sin embargo, todos sabemos que, por desgracia, muchos álbumes son esquivos y que rara vez nos cruzamos más de una vez con ellos, por lo que las segundas oportunidades son escasas, frecuentemente nulas. Attention !

Decidir, para un coleccionista, es una tarea más que difícil, sobre todo, en un mundo sobresaturado de estímulos que apuntan directamente a nuestras sensibilidades obligándonos a eliminar, a silenciar pasiones cuando lo que nos hace felices es exaltarlas. 

Encontrar, embriagar(se), elucubrar, elegir, economizar, engañar(se), entender, eliminar, escapar(se), empobrecer(se)... Enjoy! 

Falla en el sistema por falta de datos. Falla en el sistema por datos de sobra. Data full.

Gasto o inversión…, genialidad o entretenimiento…, gilipollez o reflexión…, golosina o alimento…, gula o necesidad… Los puntos de vista son variados y variables, lo que hace imposible que la duda no aflore.

Hay hazañas habituales, habrá habladurías habilidosas, hubo hastío harapiento, hay halos hasta hartazgos, habrá hoy hallazgos, hubo hechizos hedonistas, hay hegemonía heredada, habrá herejías hermosas, hubo herrumbre heterodoxa, hay hervor heteróclito, habrá héroes heterogéneos, hubo himnos híbridos, hay hipersensibilidad hiperrealista, habrá histeria hipnótica, hubo hipocresía histórica, hay hippies hispanófilos, habrá hobbies holgazanes, hubo hombres hojaldrados, hay hojalatería honesta, habrá honra homologada, hubo honor homogéneo, hay horas horizontales, habrá hojarasca hormigonada, hubo hostilidad hormonal, hay hostigamiento hospitalario, habrá huérfanos huidizos, hubo huevadas humanistas, hay huestes húmedas, habrá huéspedes humeantes, hubo humor humilde, hay husmeo humillante. 

Intuición innata o intuición por instrucción, por ilustración, por iluminación o por información. 

Júbilo.

Kilos y kilos de plástico, papel y tinta que ocupan un lugar especial en la vida de cualquier coleccionista de discos. Más allá de las materias primas, se defiende una pasión… una obsesión… una forma de vivir que podría ser percibida como anómala.

Lamparita lastre. Legendaria leyenda. Lingote lija. Lotería lonja. Lumpen luminario. 

Mientras tanto hay que laburar. El ocio también debe rendir sus frutos.

No es ninguna sorpresa. Se sabe que compro más discos de los que el tiempo me permite escuchar. Una vez que encargué varios discos – por no decir muchos – al sello francés Ici d´ailleurs, por correo, pero no por avión. Al peso. Era como un kilogramo de arte. Creo que se trataba de varios títulos de los franceses Zëro, Deity Guns, Eric Aldéa… y posiblemente de This Immortal Coil, también. Eran unos cuantos disquitos que hice enviar a la casa de Brice, un amigo francés que viajaría a visitar a sus padres que luego, a su regreso, me los traería – operación de triangulación que me hizo estar en vilo, que me hizo tener que esperar varios meses para recibir mi paquete. Calavera no chilla. Dicho ardid, me permitió ahorrar en gastos de envío y en papeleos aduaneros. Por otro lado, sin haberlo planeado previamente, un alineamiento de planetas hizo que pudiera engrosar la cantidad de discos recibidos. ¡Chan! La gente del sello, sin razón aparente, deslizó en el pedido – de regalo – un DVD de un tal Matt Elliott: “Live @ Le Grand Mix”. A primera vista, no lo reconocí y no le di importancia. Además, como en esa época no tenía ni TV ni equipo de DVD, demoré en mirarlo. Cuando finalmente fue su momento, me encantó. El tipo solo, sentadito en una sillita de mala muerte, con su guitarra de cuerdas de nylon y unos cuantos pedales de efectos hacía cosas bastante interesantes y ruidosas. Reconocí, cuando pisoteaba los aparatos, la pedalera BOSS RC-50 con la que el flaco hacía loops en real time, tanto de lo que iba tocando con la guitarra como de lo que iba cantando, de los efectos vocales que producía con su aparato fonatorio, de los gritos, de los susurros. ¡Esa máquina era la misma que yo había comprado en Tokyo un par de años antes! Fue una suerte de insight que me permitió imaginar cómo sería mi próximo proyecto musical. La semilla de “Side Lane” había sido plantada. Attenti que les paso el trapo.

Ñoqui, no toca nada este tipo. Tiene todo grabado en un aparatito con botoncitos y perillitas. ¡Chorro!

Oligarca opresivo. Tiene un esclavo a su servicio. Y encima, no deja de pisotearlo.

Para mi sorpresa, no dejo de sorprenderme.

Quintaesencia del oficio de cantautor… o… ¿será demasiado?

Recordé que en mis búsquedas de información sobre el post-rock en internet, había visto mencionado el nombre del proyecto anterior de Matt Elliott: The Third Eye Foundation; del que lamentablemente nunca había encontrado ninguno de sus discos. Razón más que suficiente para comenzar a rastrearlos. ¡Che! ¿Qué esperás? ¡Dale!

Sufre este muchacho. Parece que no da más, que la vida se lo lleva puesto.

Tuve la suerte de ir consiguiendo uno a uno sus discos solistas y los de su proyecto más marginal. Una vez más compré en el sitio de internet del sello Ici d´ailleurs, pero esta vez un box-set llamado “Songs” que incluye cuatro de sus álbumes: “Failed Songs”, “Howling Songs”, “Failing Songs” y “Drinking Songs”; con el que recibí une fois de plus, un tout petit cadeau… le DVD “Live @ Le Grand Mix”. Surprise ! Como ya lo tenía, aunque no ocupaba demasiado espacio en la estantería, lo publiqué en Mercado Libre y a los pocos días un flaco me lo compró desde la provincia de Mendoza o, quizás, desde Neuquén. Algún inhóspito lugar por esa región de nuestro país. Parece que el tipo era realmente un fanático. Inmediatamente después de haber establecido contacto, me preguntó si tenía otros discos del mentado Matt. Claro que tenía, pero no a la venta. Me insistió al punto de la vergüenza ajena por el nivel de bajeza y deficiente amor propio. Súplica denigrante. ¿Para qué someterse a semejante humillación? Tuve que recurrir a la violencia verbal para que dejara de joder con su empecinamiento y obstinación. Harcèlement, quoi ! 

Un montón de años sin grabar música nueva, desde 2003. Ya en 2011, me propuse retomar las andanzas. Grabé tanto material que en 2013 tuve que obligarme a no seguir escribiendo canciones. Fueron quince en total. Guitarras y bajos. Voces. Temas largos, larguísimos. Herramienta para componer: BOSS RC-50 Loop Station. Cuelgue. Distorsión. Desde gomas de borrar, bandejas de bar y baldes hasta afeitadoras, palitos chinos y ventiladores. Gran experimento. De nuevo rompiendo con todo.

Valió la pena estar solo. ¡La pucha que sí!

Wéstern o… ¿spaghetti?

Xilofón… no habría estado mal en este contexto de lamento introspectivo.

Yunque pesado acarreado en una mochila que se estanca.

Zigzagueantes. Bateas van, bateas vienen. Los sonívoros se entretienen.

https://mad-ride-records.bandcamp.com/album/side-lane

https://mad-ride-records.bandcamp.com/album/demos

martes, 14 de julio de 2020

CUARENTA

En el año 1992 decidí estudiar fotografía en una escuela de La Boca, lo que parecería una traición a mi pasión por la música. Pero no. Como todo tiene que ver con todo. Esta decisión tiene una explicación. El año anterior, había decidido que cambiaría la carrera de Ingeniería por la de Diseño Gráfico. Lo cierto es que desde la adolescencia, como ya lo he dicho en varias oportunidades, no solo había comenzado a apreciar los discos que compraba por la música, sino que también prestaba especial atención a las portadas, a los sobres internos, al centro de los discos, a la paleta de colores que usaban, a la fotografía. Entonces, pensé que un buen complemento para mi futura carrera universitaria sería este curso. Duraba dos años. En el primero se estudiaba fotografía en blanco y negro, en el segundo en color. Hice solo el primero porque los horarios me impidieron continuar con las dos cosas a la vez. Sin embargo, este curso me dio infinidad de herramientas, de buenos momentos, de gratas sorpresas y de recuerdos inolvidables. En fin, muchas de las fotos que usé para las portadas de los discos de MUTANTES MELANCÓLICOS las tomé en los safaris fotográficos que hacíamos para tener material para revelar películas o para practicar los procesos de copiado en papel fotográfico. Hoy, 28 años más tarde, estoy trabajando en la portada de mi nuevo álbum que se llamará “Autres Directions” para la que decidí utilizar una fotografía que tomé en aquella época practicando el barrido de un auto en movimiento en la esquina de Caminito sobre diapositiva. 

Retomando el tema del que quería hablar, presentaré el evento que permitió que enriqueciera mi magra colección de discos de esa época. Toda oportunidad para conseguir nueva música siempre es bienvenida y si, además, se trata de algún artista que uno aprecia, los límites para lograrlo se desvanecen. En el edificio de la escuela, había un balcón desde el que se veía el Riachuelo. Allí salíamos a tomar aire en los recreos. Todas las escuelas tienen banderas. Ésta, no era la excepción. Tenía un mástil amurado en ese balcón del que pendía y ondulaba nuestra bandera argentina. Era un mástil largo. La bandera no estaba cerca. Sin embargo, le aposté a una compañera que yo lograría agarrarla con la mano sin ningún esfuerzo ni riesgo sobre mi vida. El premio, para mí, sería un CD que acababa de ver, “Some Girls Wander by Mistake” de Sisters Of Mercy, un compilado imperdible que incluía todos los temas de los EPs que había tenido en vinilo y unos cuantos temas más que nunca había tenido la posibilidad de escuchar. Sabía que no debía fallar. Ansiaba tener ese disco en mis manos y no tenía dinero para comprarlo. Observé el viento, cómo subía y bajaba la tela dejándose llevar por la brisa proveniente de un espacio tan abierto y en un solo y certero movimiento, ya sujetaba nuestro símbolo patrio sin haber puesto en peligro mi vida. Resultado, esa compañera me compró ese disco y fui muy feliz. Años más tarde, en Montréal, tuve la suerte de avistar, en una tienda de discos usados, una versión impagable de ese disco. Era la edición limitada que viene en un una caja de cartón bien grueso y con un desplegable en acordeón impreso sobre una cartulina bastante sólida con la reproducción de cada una de las tapas de los EPs que están incluidos en el CD. Ya sin apuros económicos, no tuve más que sacar la billetera y pedirle a la empleada que lo bajara del anaquel porque, desde el instante en el que le clavé los ojos, cual cazador furtivo, supe que no podría escaparse de mí.  

https://mad-ride-records.bandcamp.com/album/autres-directions