jueves, 29 de enero de 2026

CIENTO OCHENTA Y CINCO

Poca cosa cualquier inofensiva obviedad;

pospongamos aquel opíparo pasado de gloria;

posterguemos lo inevitable, la acumulación, ción, ción, ción.


Roca sintética que suena a cloaca vacía, sea subterránea, sea peatonal.


Póstuma obsolescencia pregonada, sin descartes;

posible jardín en galerías petrificadas;

potenciada escalinata metálica destartalada.


Polisón que sube o que baja o que permanece;

poseamos alternativas de segundamano;

postulemos otro presente continuado, ado, ado, ado.


Rocambola fósil que brota a la defensiva de la sequía lagrimal.


Postmoderno por confuso error evidente;

pose de gallito de riña desganado;

polarizada selección informe descatalogada.


Podredumbre y entorno de abandono desvencijado;

poseido por una baratija de cotillón endemoniado;

postal de un chiquilín fanatismo confundido, ido, ido, ido.


Rocallosa enigmática sin fricción técnica ni contactos de estaño.


Posteridad en salvaje danza inmóvil asegurada;

postizo por infernal homonimia indocumentada;

polémico encuentro apasionadamente satánico.


Políglota que no vocaliza ni tartamudea;

postura de valiente estirpe naciente, con febo que asoma;

postrado entre plegarias y lamentos ajenos, enos, enos, enos.


Rococó monocromático, rectilíneo, raquítico, estructural y oxidado.


Postrimería del noble comercio del acrílico sonoro;

postre con cereza doble, numérica y descomunal;

populacho, dificilongo que lo fuera, que lo fuese.


Polvorosa la de los pies sedientos de sonidos frescos;

posiciones injustamente desencontradas;

postdata sin amparo ni recursos, ni testimonios, ni sellos.


Rocoso y macizo laberinto espejado, otrora paraíso de cristal.


Postigones entorpeciendo la dulce ensoñación;

pozo o pocilga donde no se encaja ni por puta;

polifonía sin haber vendido el alma al diablo.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario